Ana

3×39. Prioridades

El francotirador se mantuvo agazapado tras la cornisa durante toda la mañana y buena parte de la tarde. El sol caía ya cuando su objetivo, el cabecilla del ejército rebelde, apareció en el centro del visor. Notó una gota de sudor rodándole por la sien. Afortunadamente, se detuvo justo en el borde de la ceja. Por debajo del sonido de la respiración escuchó el zumbido. Acarició el gatillo con el índice. La vibración pareció resonar en el silencio que lo envolvía. Ni los escoltas ni el jefe podían escucharlo, pero la concentración estaba rota.

Bajó el arma de largo alcance. La depositó cuidadoso en suelo, como si fuera de cristal. Miró la pantalla del teléfono móvil. Pasó el dedo por la superficie y acercó el altavoz a su oído, sin abrir la boca.

—¡Gooool! —exclamó alguien, al otro lado de la línea. Una algarabía coreaba el grito. Los aplausos arropaban las voces—. ¡Hemos empatado en el último minuto! Aún llegas a tiempo de la prórroga.

El francotirador se levantó con cautela. Miró por encima de la barandilla. Ya no había rastro del rebelde. Se puso de pie y caminó deprisa hasta el coche. ¿Cómo había olvidado que se jugaba la final del Mundial? Cruzó los dedos mientras ponía en marcha el vehículo. Con suerte, habría tanda de penaltis.

Ana

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