Ana

XI. Cuentas

Siempre me ha gustado contar. De niño, agarrado a la mano de mi padre, mientras paseábamos por la calle, enumerábamos los coches blancos o apostábamos quién veía más colores. En el colegio contaba el puesto exacto donde me situaba cada día en la cola que formábamos en el patio, antes de entrar, detrás de otros niños que se movían ruidosos, negándose a estarse quietos.

De adolescente entretenía el largo camino a casa contando los pasos que me llevaban hasta el portal, las calles que tenía que cruzar, los semáforos que encontraba en verde y las monedas que ahorraba al evitar el autobús.

Años más tarde, podía pasarme el día tumbado en la cama, en silencio o susurrando, contando las pecas de su espalda. Las señalaba con los dedos y trazaba despacio el recorrido desde los omóplatos hasta más abajo de su cintura.

También me gustaba medir el tiempo. Cronómetro en mano, calculaba las horas perdidas en la oficina de empleo; las jornadas de estudio para aprobar los exámenes y conseguir el título; los días que faltaban hasta las próximas vacaciones; las semanas desde una llamada hasta la siguiente. Era muy bueno recordando fechas. Nunca olvidaba un cumpleaños o un aniversario. Siempre sabía cuándo había sido la última vez de algo.

Después de tres años, seis meses y cinco días de vacío, en una noche llena de minutos de insomnio, añadí mi nombre a la larga lista de candidatos para viajar al espacio. Fui justo el aspirante cinco mil seiscientos tres.

Un excéntrico millonario había conseguido por fin construir su nave espacial para llegar a Marte. Solicitaba personas para embarcarse, libres de cargas familiares y con espíritu aventurero. Prometía grandes fortunas, fama y un nuevo comienzo. Parecía que había escrito el perfil pensando en mí. Siempre me gustaron las ideas locas.

Al recibir el resultado de las pruebas médicas y psicológicas observé el círculo que rodeaba las cuatro letras de la palabra apto. Era un trazo firme, no completamente cerrado, parecía vaticinar la incertidumbre de aquella empresa. Me entró miedo. Tuve un amago de arrepentimiento, un ligero deseo de recuperar la ilusión por mi planeta, un único nudo en el estómago.

Pero cuando vi mi nombre entre los veintitrés seleccionados se disiparon todas las dudas. De repente era algo cercano a un héroe. Me reconocían por la calle, iba a programas de televisión a explicar los preparativos y las visitas a las entradas de mi blog con mis impresiones se contaban por miles. Me emborraché con el éxito aún por venir y taché uno tras otro los días que faltaban para el despegue.

El propósito del viaje era establecer los cimientos de una primera colonia en Marte. Una suerte de hotel para alojar a futuros viajeros, tanto  turistas como  profesionales, sobre todo los que se dirigirían a descubrir otros mundos. Necesitarían un lugar donde reponer energía, ellos y sus aeronaves. Iba a convertirme en un recepcionista espacial. Tenía su encanto. Ya me imaginaba rellenando casillas en una inmensa hoja Excel, pondría un contador en la columna de la izquierda y registraría con números todas las entradas y salidas.

Desde el primer día siempre he mirado a través de la ventana, con los ojos fijos en la inmensidad que nos rodea. Veo puntos y polvo espacial. Contemplé el sol, brillante, y la Tierra, tan azul y tan hermosa como la había imaginado.

Una mañana vi que Ceres, el planeta enano, quedaba atrás y supe que algo iba mal. Nos habíamos salido de la ruta. Marte se nos había escapado y avanzábamos, sin detenernos, hacia la órbita de Júpiter.

Dicen los técnicos, siete para ser exactos, que ha sido un mínimo error de cálculo. Pasan las horas rediseñando la trayectoria para poder volver.

Yo paso el tiempo contando estrellas.

Ana

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2 comentarios sobre “XI. Cuentas

  1. Desde el inicio he gravitado por este relato como si flotara en el interior de una nave espacial, bien contado, te doy la enhorabuena, Ana. Ahora soy yo el que contará las horas hasta tu siguiente relato, posterior al de Amelia, incluso el que resta hasta que sea mi turno de despegue en la nave 52relatos ymedio que veo ya con buen rumbo hacia el éxito de lectores. Un saludo.

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