Ana

11. Código erróneo

El calor del local y el olor a café recibieron a Diana. Fuera llovía y estaba aterida. Vio solo un par de mesas ocupadas, pero eligió uno de los taburetes de la barra. Solía sentarse allí para charlar con Jesús. Supuso que el camarero tendría el día libre porque en su lugar había un tipo delgado, de cabello gris, al que no había visto nunca.

—¿Qué vas a tomar?

—Un café con leche y una tostada, por favor.

Necesitaba despejarse. Sentía la mente abotargada. Apenas había dormido unas horas y, su cabeza se lamentaba, había tomado demasiado vino. La velada, en buena compañía, se alargó bastante más de lo prudente. Sobre todo para ser entre semana.

Sacó el móvil. Intentó por quinta vez trazar la secuencia que unía los puntos para desbloquearlo. «El patrón es incorrecto» respondía sin compasión la pantalla. Quería llamar a su jefe. Decirle que había olvidado su número de identificación. Llevaba apenas unas semanas trabajando en Laboratorios Electrónicos Delta. El temor al espionaje industrial obligaba a los empleados a teclear un código de ocho cifras para acceder a su puesto. Estaba casi segura de que, contraviniendo las recomendaciones, había puesto su fecha de nacimiento. Sin embargo, unos minutos antes, la máquina se empeñaba en contestarle que lo volviera a intentar.

Echó dos sobres de azúcar y dio vueltas con la cucharilla. Sintió una punzada de dolor en la sien. Miró al camarero, absorto en la pantalla de su ordenador.

—Disculpa, ¿tendrás un paracetamol o una aspirina?

La miró sin un gesto de simpatía, pero abrió uno de los cajones que había en el mueble a su espalda y sacó un blíster con píldoras blancas. Al dárselo se quedó mirando su mano. Diana supuso que le había visto el tatuaje de la muñeca, una flecha que señalaba hacia los dedos. No era muy llamativa, pero bajó la manga de la camisa para ocultarla. Le disgustaba la curiosidad descarada del hombre.

Tragó dos pastillas con el último sorbo. Sacó la tarjeta monedero y la dejó en la barra. «Cóbrate» le pidió. El hombre la introdujo en el lector y se lo acercó para que tecleara el pin, mirándola con poca amabilidad.

—¿Tengo que poner el número? —preguntó con sorpresa—. Jesús nunca me lo pide. Trabajo aquí, en los Laboratorios. —Le señaló el logo, unos círculos concéntricos impresos en la tarjeta. La empresa se las facilitaba para dietas. Jesús le dijo que era un código único para todos los empleados.

El camarero la miró con escepticismo. Diana tecleó al azar. Como esperaba la respuesta fue «clave incorrecta».

—Mira, lo siento, no llevo dinero. Mañana te lo pago —prometió.

El camarero asintió pero cogió el teléfono y ella presintió que iba a avisar a la policía.

—Oye, de verdad, apúntate mi nombre. Soy Diana Arrow. Son sólo unos euros, ¡por favor! —exclamó empezando a enojarse.

Aunque el camarero dejó de mirarla le oyó claramente decir «sí, deberían venir a por ella, se comporta de modo extraño».

Se levantó resoplando. Se puso la chaqueta y se dirigió hacia la puerta. Seguro que al día siguiente se reiría con Jesús del asunto. Este tipo debía ser el hermano del dueño o algo así.

No llegó a la salida. Dos individuos vestidos de gris entraban en ese momento y se interpusieron en su camino.

—Perdona —dijo, tratando de pasar al lado de uno de ellos.

El otro la agarró por el brazo.

—Espera, Diana, vamos a hablar un momento.

—¿Quién es Vd.? ¡Suélteme! —El sudor en la espalda y el corazón latiendo a toda velocidad se añadieron al dolor de cabeza que no remitía. Aunque sintió un leve vahído dio un estirón para liberarse del hombre que la sujetaba.

Notó un pinchazo en el brazo y las pocas fuerzas que le quedaban desaparecieron. Las quejas murieron en sus labios y la mirada se volvió vidriosa. El primer hombre le ayudó a sentarse. Le subió la manga y clavó una fina aguja en el tatuaje de la flecha que se enroscaba en su muñeca. De allí salía un cable, que conectó a un pequeño portátil.

—¿Es grave? —preguntó el camarero, que se había acercado a curiosear.

—No —respondió el otro tecleando un código en la pantalla—. Estas unidades nuevas están dando algunos problemas con los chips de memoria. Aún no saben qué produce el fallo. De momento solo podemos reiniciar el equipo para que vuelva a funcionar.

Ana

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