Amelia

4×46. Insomnio.

Das vueltas en la cama. Desde hace un par de semanas, no puedes dormir. Ignoras por qué, aunque los chirridos de la cama de los vecinos de al lado y sus jadeos podrían ser la respuesta. O los llantos del recién nacido del piso de arriba.
Te levantas a las siete de la mañana y nunca habías necesitado acostarte pronto. Antes solías ver la tele o películas descargadas de Internet. Incluso te permitías el lujo de trasnochar con cuatro o cinco capítulos de tu serie favorita. Luego te ibas a dormir y enseguida cerrabas los ojos.
Ahora, los pocos minutos que logras conciliar el sueño no son suficientes. Al cabo del rato, abres los ojos, miras el despertador y los números rojos te indican que, como mucho, ha pasado media hora.


Has buscado las razones por las que podrías padecer de insomnio. «Acelerado ritmo de vida, estrés o problemas económicos» son las causas más frecuentes. Tu empleo en el Jardín Botánico es cómodo y descansado: te ocupas del Banco de Germoplasma, realizando estudios de germinación y de pérdida de viabilidad de semillas y esporas. Vas caminando al trabajo, realizas actividades relajantes, como yoga y pilates, así que no lo entiendes. Tampoco tienes problemas de dinero, pues tu trabajo es fijo y posees una cuenta bancaria lo suficientemente llena como para vivir de manera holgada. Dispones de un amplio círculo de amigas, con las que vas al cine o al teatro, a veces a la discoteca, y pasas los ratos del almuerzo charlando con Silvia, una de las guardias del Jardín Botánico. Os caéis bien. Ella te cuenta que quiere quedarse embarazada y que lleva bastante tiempo intentándolo.
Mientras te revuelves entre las sábanas, piensas. Has seguido uno de los múltiples consejos de los blogs especializados que has leído. Llevas un diario en el que apuntas las horas que duermes. A veces lo repasas por la mañana, mientras bostezas, muerta de sueño. El balance de horas que no duermes supera al de las horas en las que sí lo haces.
No fumas, ni bebes alcohol, ni tomas bebidas excitantes. También dejas el móvil aparcado en el salón a partir de las nueve. Nada. Morfeo ha decidido desaparecer de tu vida.
Cada día tienes más ojeras, te sientes agotada en el trabajo y cada vez cometes más errores en tus experimentos. Te preocupa que te abran un expediente o te cambien a un puesto peor.
A veces recuerdas tu aventura con Pascual. Sobre todo cuando los vecinos de al lado retozan y hacen chirriar los muelles del colchón. El sexo con él te encantaba. Le gustaba sorprenderte con nuevas posturas y probasteis juntos geles y juguetes.
Cuando le decías que estabas cansada de verlo en habitaciones de hoteles baratos, Pascual afirmaba que así le echabais sal a la relación. El día que hablaste de que querías algo más serio, que pensabas tener hijos pronto, Pascual cambió de tema. Poco a poco, los encuentros se fueron espaciando, hasta que desapareció de tu vida.
Dejó de llamarte, no atendía al teléfono y, aunque fuiste a buscarlo a su supuesto trabajo, no lo encontraste. Imaginaste múltiples situaciones: que lo había atropellado un coche cuando volvía a su casa sin carné de identidad; que lo habían secuestrado unos terroristas; que había entrado en un universo paralelo… Poco a poco, fuiste dejando de echarle de menos. Al fin y al cabo, ¿quién quería a su lado a un hombre alérgico al compromiso?
Sigues escuchando a los vecinos. Los de al lado han dejado de jadear. Los de arriba intentan consolar al bebé, que berrea sin parar. Son nuevos, aún no los has visto. Imaginas que serán jóvenes y guapos, aunque tendrán casi tantas ojeras como tú. Pero claro, al menos ellos tienen un motivo para no dormir. Te tapas los oídos con la almohada, te pones los auriculares e intentas que una música ligera te relaje. Al final logras dormirte.

Por la mañana, te topas con Silvia, la guardia del Jardín Botánico. Es la nueva vecina, que lleva a su bebé en brazos, una niña de tez verdosa. Aún así, es preciosa. Sientes un poco de envidia. Cuando ves salir del ascensor a su marido, Pascual, comprendes que te va a seguir costando conciliar el sueño.

Amelia.

4×32. Xenogamia

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