Amelia

4×24. Ideas propias

Las gaviotas se sentaron. Llevaban semanas de reuniones, planes y proyectos. Finalmente, había ganado la propuesta de una de ellas: se sentarían en el muelle hasta nuevo aviso.

Hartas de las quejas de los seres humanos, que les echaban la culpa de los desperdicios y basuras acumuladas en el puerto, esa era la manera que tenían de protestar. Dejarían de surcar los aires salinos y la gente se daría cuenta de quiénes eran los verdaderos culpables.

Poco a poco, algunas fueron muriendo de inanición. Otras, a causa de la inmovilidad. Al principio salieron en los telediarios, pero, con el paso de las semanas, habían dejado de ser noticia y, mucho menos, tendencia del momento en las redes sociales.

Una de ellas, de plumas blancas y grises, decidió protestar. Era inútil seguir así. Miró a su alrededor y vio a sus compañeras, envejecidas, escuálidas, sin brillo. Alzó el vuelo, a pesar de las recomendaciones de sus allegadas.

Chéjov, falto de inspiración, paseaba por el muelle. En cuanto distinguió la figura de la gaviota en el cielo, se puso a escribir en su cuaderno de notas.

Amelia

[Inspirado en el microrrelato con el que pasé a la segunda fase del IV Concurso de Microrrelatos de Massalfassar].

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