Ana

4×19. Estudiosa señorita

Elena se pone su mejor vestido. No es para menos. La cita lo requiere. El cuerpo es ajustado, las mangas largas terminan en puños de encaje, la falda es recta por delante y recogida por detrás. Se mira en el espejo y sonríe. Se limpia con un pañuelo el sudor de las manos y el que amenaza su frente. Coge libros, pluma y papeles. Los aprieta contra su pecho. Un momento antes de salir decide llevarse consigo la Real Orden firmada por el mismísimo Amadeo I. La recibió en septiembre de 1872 y la autorizaba a estudiar, en su habitación, al calor de la chimenea.

Leyó con fruición, aprendió el funcionamiento de los órganos, el nombre de las enfermedades, la descripción de síntomas y remedios. Su padre, médico también, la miraba con orgullo. Le aclaraba las dudas. La animaba en los momentos bajos.

Cuando, tiempo después, llegó la carta del catedrático de Terapéutica, Narcís Carbó, instándole a asistir a sus clases, Elena tembló. Sabía de alguna amiga que se había disfrazado con ropas de hombre para colarse en la Universidad. Otras le dijeron que era una locura presentarse allí con vestido, que no la admitirían, que incluso la insultarían.

Pero Elena está orgullosa de lo que es y no va a esconderse.

Así que camina con paso firme por la calles de Barcelona, donde se trasladó hace unos meses. Disimula bien el temblor de sus piernas cuando se detiene ante la puerta de la Facultad de Medicina. Pregunta por su clase. El conserje la mira de arriba abajo. Parece más curiosidad que otra cosa. La acompaña él mismo hasta el aula.

Unas decenas de jóvenes apostados sobre los pupitres, charlando en corros, enmudecen cuando ella entra. Poco a poco se ponen de pie. Uno de ellos se aproxima. Viste pantalón y chaqueta, y un pañuelo al cuello que le da un aire distinguido. Sin embargo, sus mejillas lampiñas le hacen parecer mucho más joven de los veinte años que debe tener. Despeja una silla en la primera fila y la invita a sentarse. Elena lo mira, inclina la cabeza y sonríe. Desde el fondo se oyen unas palmadas, inseguras, pronto se unen otras a un lado y enseguida otras más. Antes de que ella deposite los libros sobre la mesa, el aula es un estruendo de hombres que aplauden a su primera compañera.

Ana

***

[Nota histórica: En el número del 12 de julio de 1872 de La Imprenta: diario de avisos, noticias y decretos se puede leer una nota sobre la obtención del grado de bachiller de Elena Maseras, que en el curso 1872-1873 se convertiría en la primera mujer matriculada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, y con ello en la primera que estudió en la universidad en España. La transcripción de la nota del diario es la siguiente:

«La felicitamos. El sábado día 6 del corriente mes, después de unos brillantes exámenes obtuvo el grado de bachiller en Artes en el Instituto provincial de 2ª enseñanza de esta ciudad la estudiosa señorita doña María Elena Maseras y Ribera, natural de Vilaseca, provincia de Tarragona. El bello sexo puede darse por complacido, porque la referida señorita ha abierto las puertas de los estudios al sexo femenino, tanto en las materias de 2ª enseñanza como en las universitarias; y no dudamos que siendo la señorita Maseras la primera en España que ha obtenido dicho grado, tendrá imitadoras que querrán compartir con ella la gloria de los estudios. Le damos el más cumplido parabién, esperando que cursará en los estudios de facultad mayor, para provecho de las señoras y mayor ilustración en nuestra España»].

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