Amelia

4×14. La duda (III)

Enferma con gripe, Dámaris se quedó en casa también el martes. Aprovechó para terminar uno de los últimos libros que había comprado y, como se encontraba algo mejor que el día anterior, limpió los armarios y tiró ropa que se le había quedado pequeña.

Durante la limpieza, se dedicó a pensar en lo que había pasado esos días. La visita inesperada de una copia suya de un universo paralelo la llenaba de dudas y preguntas. Si sus mundos eran prácticamente iguales, ¿por qué el Gobierno de su país desconocía su existencia? ¿Por qué no podía ella ir al mundo de su doble? La segunda Dámaris había dejado claro que no existía posibilidad de intercambio, ya que la descubrirían y meterían en la cárcel.

Lo había dicho de una manera tan tajante que no había insistido. Sin embargo, le parecía raro. ¿Solo podían visitar una dimensión paralela con motivo de su treinta cumpleaños? ¿Cómo vigilaban desde el otro lado que su Dámaris se estaba comportando correctamente? A pesar de carecer de antecedentes penales, quizás se convertiría en una asesina.

¿Y si a la otra se le ocurría matarla mientras dormía? Ya estaba ocupando su lugar estos dos días y ella había sido tan tonta como para dejar que lo hiciera. ¿Y Emilio? ¿No se había dado cuenta de que la otra Dámaris era un poco más delgada y atlética?

¿Cómo podía asegurar que lo que le decía era verdad? No había presentado pruebas de proceder de un universo paralelo. ¿Dónde estaba el portal de entrada o como quiera que se llamase?

Se quedó sentada en la cama con un par de jerséis en la mano, dándole vueltas a las ideas en su cabeza. Los miró y se fijó en que no serían del gusto de la otra. Al tener que vestirse con sus ropas, se había quejado de lo anchas y monocromas que eran. Eran bastante similares, pero algunas diferencias entre ellas le hacían pensar que la segunda Dámaris era una persona más atractiva para los demás. Ella se sentía bastante gris si se comparaban.

Suspiró. Esperaba que Emilio no se hubiera mostrado fogoso como algunas veces en las que le daba por hacerle el amor a la hora de la comida. ¿La otra Dámaris se sentiría atraída por él? El Emilio del otro lado no había traspasado el umbral de la amistad y solo eran amigos. O eso había dicho.

De repente, una punzada de celos la atravesó. ¿Y si la otra usurpaba su lugar? Al fin y al cabo, controlaba el trabajo en la librería y en la otra dimensión era una de las editoras. O eso había mencionado.

Para la Dámaris del universo paralelo, al conocer ambos lugares, era fácil dar el cambiazo y quedarse con su trabajo, ascender en él, quitarle a su novio y todo lo que conocía.

Comenzó a cavilar. Lo que le había parecido un juego, una oportunidad de conocer algo que a los demás les era imposible imaginar, se había convertido en una preocupación.

Intentó desechar las ideas que se agolpaban en su cabeza. Quizás era una mentira y alguien había tramado una conspiración para suplantarla. La otra no era nada más que una mujer operada para parecerse a ella y arrebatarle lo que era suyo.

Se rio a carcajadas, nerviosa. El eco de su risa le pareció incluso siniestro. La gripe o el ocio obligado la estaban trastornando. Debía relajarse y centrarse en ponerse mejor. Esas ideas lunáticas procedían de la fiebre y los mocos, que le impedían respirar y pensar con serenidad.

La segunda Dámaris había dejado un bolso con sus pertenencias en el armario. El día anterior estaba demasiado enferma como para rebuscar entre ellas, pero ahora las dudas la corroían y necesitaba pruebas o algo que la tranquilizara.

Aparte de una cartera, igual que la suya, pero de diferente color, con sus tarjetas y documento de identidad, solo encontró un móvil, de una marca desconocida.

Desbloquearlo fue fácil, pues sus huellas dactilares y su rostro coincidían. Así que la otra Dámaris no era producto de un cirujano avezado al servicio de una mafia extranjera.

Trasteó en la carpeta de imágenes, en la de una aplicación de mensajería y en otra de bloc de notas. Estuvo a punto de arrojar el móvil al suelo, enfurecida, al leer los mensajes de su doble.

Continuará…

Amelia

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