Amelia

4×08. El calor del hogar

Me gusta dormir con mamá. Me pego a ella y siento su calorcito. Cuando oigo su respiración suave cerca de mí, sé que nada malo va a pasar. Sus amigas le dicen que me malcría, que debería dormir en la cuna, pero ella prefiere meterme en su cama. Así puede darme leche calentita en seguida cuando protesto en medio de la noche.

Ahora estamos en casa de la abuela. Tiene un árbol de plástico en el comedor, adornado con bolas y luces de colores. Me gusta tirar de las ramas y la abuela se enfada, porque dice que se lo romperé. Mamá se ríe y yo con ella. Tiene una risa que me hace sentir bien.

Hemos venido a pasar unas fiestas. A mí me dan mis purés y luego todos se sientan a la mesa y comen y comen. A veces me dan un trozo de queso o de pan y ponen cara de satisfacción porque los intento comer. Otras, escupo el trozo y la abuela se enfada y dice que pretenden hacerme mayor de lo que soy.

Hay regalos. Me hicieron romper varios papeles y mamá se puso contenta al ver un vestido y un abrigo de mi tamaño. Luego abrazó a una mujer a la que no he visto nunca, que sonreía mucho y parecía estar muy feliz. Unos niños mayores que yo abrieron sobres con papeles de colores y abrazaron y besaron a la tata y a mamá.

La otra abuela, a la que mamá llama tía, me dio un libro que hace luces y sonidos. Mamá se rio tosiendo un poco y dijo algo de quitar pilas. Me pasé el rato abriendo y cerrando el libro y tirándolo al suelo, mientras los otros niños jugaban con unas máquinas.

Mamá y yo dormimos juntas. Tosió muchas veces. Estaba muy calentita y yo la destapaba. Ella me daba teta y me ponía la manta encima, pero yo volvía a quitármela. Quería que ella estuviera bien y no pasase calor.

Cuando nos despertamos, la abuela me hizo el desayuno. Dijo algo de papanoe y me dio un regalo. Otro vestido. Luego llegó la tata con un peluche. Lo cogí y estuve jugando hasta que mamá me metió en la bañera con ella. Es divertido bañarme con mamá. Me llena de jabón mientras cojo los muñecos y los lanzo al agua. Mamá temblaba un poco, y eso que el agua estaba calentita.

La tata me dio el puré mientras mamá y la abuela ponían la mesa. Vinieron un señor y su hijo, con una chica pelirroja muy simpática. Me dieron un juego de peluches y se pusieron contentos cuando los tiré al suelo empujando una pelota varias veces. Mamá se reía y tosía. Estaba muy guapa vestida de rojo como yo.

Después de comer, la tata nos hizo fotos con el móvil. El chico y la chica pelirroja se pusieron a cantar y tocar con mi pandereta. Se reían mucho cuando me veían bailar. Me cansé en seguida y me dormí en brazos de mamá.

Desperté y la abuela me dio un yogur. Sabe que me gusta mucho. Ella y mamá dijeron algo de no cenar y tomar medicinas. La abuela le tocaba la frente a veces y ponía cara de preocupada.

Me probaron los vestidos y protesté. Luego estuve corriendo por el pasillo, cogiendo las cosas de la abuela y abriendo cajones. No les gusta que lo haga, pero a mí no me gusta que me cambien de ropa tantas veces.

Mamá me llevó a la cama. Tardé mucho en dormirme y di muchas vueltas. Se rio conmigo porque empecé a darle besitos en la cara y me decía que era tarde para jugar.

Me gusta dormir con mamá. Me pego a ella y siento su calorcito. Cuando oigo su respiración suave cerca de mí, sé que nada malo va a pasar. Pero ahora la noto fría y no la oigo respirar. Voy a llorar muy fuerte, a ver si se despierta.

Amelia

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