Ana

4×07. Todo lo que quiero por Navidad

―¿San Silvestre? ―La operaria me miró como si yo estuviera loca―. ¿Y eso qué es?

―Una carrera ―le expliqué, despacio.

La vi pasando los dedos por el teclado holográfico, buscando en el glosario el significado de carrera.

―¿Estudios de qué, exactamente?

―No ―resoplé―. Carrera de correr. Ya sabe, deporte…

La operaria levantó la cabeza mientras yo doblaba los brazos y los movía rítmicamente, al tiempo que flexionaba de forma alternativa las rodillas, como había visto en películas antiguas.

―¿No buscaba temática navideña? ―Una imagen de un tipo gordo vestido de rojo apareció en la pantalla―. Por San solo me sale este. Pero se le llamaba San Nicolás, no San Silvestre.

Me reí. Saqué mi propio dispositivo holográfico y busqué las imágenes que había encontrado en casa, antes de acudir a las instalaciones de Grandes Recuerdos.

―Durante las Navidades ―expliqué―, cuando se acababa el año, para celebrar la llegada del siguiente, la gente se disfrazaba y corría.

La operaria era extremadamente delgada, llevaba el pelo muy estirado hacia atrás y el uniforme ajustado. Me pareció que ella nunca habría sentido la experiencia de correr, ni real ni implantada. Miré disimuladamente sus piernas que cruzaba de forma elegante. Allí estaban, finísimas y terminadas en un calzado especial para acoplarse a las plataformas móviles. Aquella mujer ni siquiera andaba.

―Creo que aquí está. ―Pasó la mano una vez más por el teclado y empezó a leer―: Festejo popular, realizado durante los últimos días del año, en el que la gente se disfrazaba con atuendos navideños tales como gorros, cuernos de renos, ropas brillantes,… y corría uno o varios kilómetros. Era un evento festivo, en el que lo importante era desafiar al frío, estar en la calle con amigos o con la familia, en especial con los niños. ¡Buf! ―Se le escapó un gesto de desagrado que se apresuró a enmascarar detrás de su expresión circunspecta.

Sonreí.

―Sí, gracias. Eso es justo lo que quiero. Y por favor, póngame de todo: niños, nieve, mucho frío, disfraces… Y gente, un montón de gente, todos en la calle y riendo.

―¡Qué locura! ―murmuró la empleada―. Perdone la intromisión, pero… ¿para qué necesita un recuerdo como éste?

―Estoy haciendo un lote completo de Navidad. Ya estoy surtida de luces, adornos, regalos y dulces. Así que ahora necesito cosas más específicas, que me hagan sentir como si de verdad las hubiera vivido. Tengo en la lista cenas de empresa, inocentadas, uvas para comer mientras suenan las campanadas, riñas con los familiares en las comidas navideñas, cabalgatas de Reyes. Iré poco a poco, pero lo quiero todo.

Ana

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