Ana

4×03. Capítulo 2. La casa

La falta de cobertura, en el interior de la casa, evitaba distracciones y me permitía concentrarme en mi trabajo. Cada tres o cuatro días me dejaba caer por la biblioteca del pueblo, en busca de la conexión con el resto del mundo.

Llamar biblioteca a unas pocas baldas llenas de libros de segunda o tercera mano era muy optimista. La vieja escuela se había quedado sin niños y varios vecinos, con más ganas que medios, habían acondicionado la clase para que sirviera a un tiempo de zona wifi y sala de lectura. Por las mañanas algunos viejos leían la prensa y comentaban las noticias en un improvisado debate político. Si me acercaba por la tarde, lo habitual es que solo estuviera yo en un extremo de la mesa, enfrascada en la pantalla de mi portátil, y Julio, en el otro lado, sumergido en sus apuntes.

Me había contado que se estaba preparando oposiciones para funcionario de prisiones. Era ingeniero. Con la crisis, como tantos otros, se había quedado en paro y, sin recursos, había vuelto a la casa familiar donde la vida era, sin duda, más barata, pero también mucho más aburrida.

Normalmente solo nos saludábamos o intercambiábamos algún comentario cortés. Pero aquella tarde estaba parlanchín. Me preguntó por la novela, se interesó por el argumento y me hizo preguntas sobre el proceso de corrección. Yo llevaba casi una semana sin hablar con nadie y sin darme cuenta estaba comentando con él los entresijos de mis personajes secundarios y pidiéndole opinión sobre si los adverbios acabados en mente eran demasiado vulgares o daban credibilidad a los diálogos.

Cuando se hizo de noche, me sugirió que siguiéramos tan interesante conversación en torno a una mesa. Como el bar estaba ya cerrado, me llevó unos kilómetros más lejos, a un restaurante escondido en otro de los pueblecitos de la zona. Allí lo saludaron por su nombre. A mí me sonaba vagamente, de la época en la que, junto a mi exmarido, recorrimos la zona en moto. Por entonces nos encantaban los bosques, los riachuelos y las montañas bajas. La región estaba llena de todo aquello. Luego me volví más urbanita y huía de las zonas abiertas porque solo me traían reminiscencias de pasados fracasos.

Fuimos casi los únicos clientes del restaurante. Cenamos carne de caza y unas deliciosas setas de la zona. Charlamos hasta bien entrada la madrugada, hasta que nos echaron porque iban a cerrar. Y seguimos sin dar por zanjada la velada, protegidos del frío, en su coche, en la acera de enfrente de la casa. Me daba pereza subir. El viento, que había ido aumentando su intensidad en las últimas horas, golpearía sin clemencia las paredes y los viejos ventanales, haciéndolos crujir e impidiéndome pegar ojo. Así que le pedí a Julio que me invitara a la última copa… en su casa.

A la mañana siguiente renuncié al desayuno que también me ofreció porque quería retomar temprano mi trabajo. Aunque la cabeza me dolía un poco, pensé que un café bien cargado y un paracetamol lo solucionarían. Cuando subí las escaleras percibí un desagradable olor a humedad. Al abrir la puerta de la casa, vi que la luz del salón estaba encendida. Los canales de televisión cambiaban como si un desequilibrado se hubiera hecho con el mando. Un charco se abría paso por el pasillo y el cuarto de baño era una cascada.

Horrorizada, salí a la calle mientras buscaba el teléfono de la agencia que me había alquilado la casa. Todavía no habían abierto y me moví inquieta delante de la puerta. Pensé que el agua y los cables por el suelo eran una combinación peligrosa y, sin meditarlo mucho, subí de nuevo para desconectar la luz y cerrar el agua. Por el camino me encontré al vecino de abajo, furioso porque una inmensa gotera caía sobre la mesa de su cocina.

Los siguientes días fueron un lío de albañiles y fontaneros, de seguros y agentes inmobiliarios. Y de un mensaje inquietante que llegó varias veces a mi móvil. Procedía de un número oculto y, escueto, me advertía: «No le hagas enfadar».

continuará…

Anuncios

Un comentario sobre “4×03. Capítulo 2. La casa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s