Amelia

3×06. La fábrica

Cada mañana, entre el humo y el olor a aceite del barrio obrero, la sirena de la fábrica mugía y temblaba. Cada mañana, Simón llegaba puntual, se ponía el mono verde y se dirigía a su puesto de trabajo.

Excepto ese día. Llegó justo cuando la sirena había dejado de sonar y el portón de hierro estaba a punto de cerrarse. Se dirigió al vestuario, se cambió y se colocó frente a la picadora. Su tarea en la fábrica de embutido era sencilla: verificar que la máquina desmenuzaba en trozos muy pequeños la carne procedente de la sala de despiece, para su posterior prensado y envasado.

Su mente voló al accidente que le había impedido llegar a su hora. No podía dejar de pensar en su vecino, atropellado por un coche. Sin familia, sin apenas amigos… ¿Quién le lloraría en el funeral?

Al terminar la jornada, el gerente se acercó. Se puso nervioso, a pesar de su buena excusa para su retraso.

Le felicitó por sus años de dedicación a la empresa y le propuso un ascenso. Tras hacerle firmar un nuevo contrato, lo llevó a la sala de despiece, lugar de sus nuevas tareas.

Cuando vio el cuerpo de su vecino en la cadena y cómo sus compañeros del turno de noche lavaban con mangueras otros cadáveres antes de desnudarlos y despiezarlos, entendió el porqué del aumento de su salario y de la inclusión de una cláusula de confidencialidad tan exigente.

Amelia

Microrrelato para el Ciclo Los mejores comienzos literarios. La Madre, Gorki.

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