Amelia

6. La cicatriz

Mi mujer está loca. No sé qué le ha pasado, qué cable se le ha cruzado. Según ella, Marcos no es nuestro hijo, nos lo han cambiado.
Está así desde la semana pasada. Fuimos al hipermercado a hacer la compra mensual y lo dejamos en la sección de libros, como de costumbre. Siempre nos pide quedarse, hojea las novelas de aventuras y los tebeos y, no lo negaré, si se lee un par y no tengo que comprarlos, eso que nos ahorramos.
Tardamos una hora y media en volver a por él. No lo encontramos y nos extrañó mucho. Es bastante tranquilo y no suele moverse. Silvia se puso muy nerviosa en seguida. «No pasa nada, seguro que ha ido a buscarnos. Querrá que le compremos algo», intenté tranquilizarla. Pero ella insistía en que algo le había pasado a su hijo y no paró hasta que fui al punto de información para que lo llamaran por megafonía.


Volví a la sección de libros. A Silvia la consolaba una de las dependientas y no paraba de llorar. Es una exagerada, con tanta lágrima y tanta histeria. Las mujeres a veces son así, demasiado protectoras con sus hijos.
Casi llevábamos una hora esperando y ya iba a llamar a la policía, cuando llegó una señora con nuestro hijo. Silvia se abalanzó sobre él y comenzó a cubrirlo de besos. «Lo he encontrado durmiendo en uno de los colchones» fue todo lo que dijo.
De camino a casa, Silvia se sentó detrás con Marcos. No paró de amonestarlo. Le tuve que decir que lo dejara tranquilo. Se sentiría mal por lo ocurrido. Le guiñé un ojo a Marcos, pero no me correspondió.
Desde entonces, mi mujer dice que este no es su hijo, que se lo han cambiado. Y yo intento hacerla razonar: «Está más serio que de costumbre, serán cosas del crecimiento, estará avergonzado…».
Nada. Silvia se echa a llorar cada dos por tres, niega a su propio hijo. Voy a tener que llevarla al psicólogo, no sé por qué está así. He leído en internet algo del síndrome de Capgras. Me informaré mejor.

Carlos dice que estoy loca. Sé que algo pasa, pero no a mí. No necesito psicólogos, necesito a mi hijo, al de verdad.
Este que dice ser Marcos no lo es. Lo noté en cuanto lo abracé en el hipermercado. Cuando lo abrazo, mi niño se pega a mí como una lapa. Este no. Se quedó tieso como un palo.
Al día siguiente, no me dejó ayudarlo a vestirse y ¡no sabía atarse los cordones de los zapatos! Es una tontería, pero ya sabía hacerlo. Y el jersey que le venía estrecho la semana pasada, ahora le queda holgado. Los niños crecen y la ropa se les queda pequeña, no grande.
Mi hijo sonreía y me pedía que le contase cuentos por las noches. Este niño apenas sonríe. Se acuesta en la cama, se da la vuelta y no quiere cuentos ni besos.
Ayer noté algo más. Marcos se cayó el año pasado en el parque y le dieron puntos en la barbilla. Le quedó una pequeña cicatriz. Este niño no tiene cicatriz.

Amelia

Anuncios

Un comentario sobre “6. La cicatriz

  1. Intrigante, buen uso de la doble voz narrativa. Hasta el último momento he pensado si habría una tercera, bien la del ‘nuevo’ niño, bien la de la mujer del hipermercado… O un narrador omnisciente que nos contara qué ha pasado. Quién sabe si entre los 46 restantes habrá ocasión de averiguarlo.
    Enhorabuena.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s